Relatos de fantasía


Breve historia de los relatos de fantasía:


Un relato de fantasía, o relato fantástico, es una narración donde se cuentan sucesos sobrenaturales que no pueden explicarse desde la razón. Sus personajes no existen en el mundo real, y si son tomados de este, realizan acciones que serían descabelladas en la existencia cotidiana.

La definición no es demasiado precisa, ya que la mayoría de los cuentos se basan en situaciones o personajes extraordinarios. Esto sucede con los relatos mitológicos y religiosos, pero no se consideran narraciones de fantasía.

Muchos autores se han aventurado a realizar una subdivisión dentro de este género tan amplio. Destaca la realizada por Tzvetan Todorov, cuya clasificación depende de si los hechos son o no explicables a través de la razón y la manera en que estos son resueltos.

Los primeros relatos de fantasía se encuentran en antiguas narraciones arraigadas en el imaginario colectivo. El Poema de gilgamesh, 2000 a. C., es uno de los primeros textos con componentes fantásticos: gigantes, dioses e intervenciones extrañas. Homero, en la Ilíada y la Odisea, hace participar a dioses olímpicos, con sus prodigiosos poderes, y a criaturas asombrosas. La Eneida, de Virgilio, dejó una impronta indeleble inspirando obras posteriores como La Divina Comedia.

En la época medieval, la mitología céltica tuvo importante influencia en las leyendas artúricas, que a su vez influyeron más tarde en las novela de caballerías. Este género, el romance, recuperó mitos y leyendas pero también creó los suyos propios. Algunos poemas, como Beowulf, narran sucesos con orígenes históricos pero modificados por la intervención de lo fabuloso. Otras composiciones, como el Cantar de mio Cid, son más realistas, pero cuentan con episodios milagrosos aunque sin criaturas fantásticas.

Durante el Renacimiento y su racionalismo, la fantasía atravesó un tiempo de vacío. La publicación del Malleus Maleficarum y La Inquisición contribuyeron al desprestigio de los relatos de fantasía, a no ser que cumpliesen con funciones de adoctrinamiento. Sin embargo, a pesar del rechazo a lo sobrenatural, la emoción que el miedo a la muerte y a lo desconocido han producido siempre, fueron suficientes como para que el género no terminara de desaparecer.

Es imposible hablar de literatura fantástica sin mencionar a William Shakespeare, su magia y sus criaturas sobrenaturales: Hamlet, Macbeth o Sueño de una noche de verano son ejemplo de su teatro plagado de fantasía.

El Siglo de las Luces había dejado ver que la realidad poseía un lado oscuro que la razón no podía explicar. Esto sería hábilmente aprovechado para crear la novela gótica del Romanticismo, cuya legión de fans llega hasta nuestros días. Edgar Allan Poe, Bram Stoker o Mary Shelley, cultivaron el género, colocando el terror psicológico en el punto clave de sus relatos fantásticos.

En la transición del siglo XIX al XX, la revolución que suponen los descubrimientos científicos —la física cuántica y la relatividad, que parecen salidas de un relato fantástico— destrozan el propio concepto de realidad. Los escritores reaccionan  regresando a la literatura mitológica, como H.P. Lovecraft —con su amplia cantidad de seguidores hasta el presente— y Lord Dunsany. Otros introducen el fenómeno sobrenatural como un elemento totalmente natural: La Metamorfosis, de Kafka, es un claro ejemplo. No existe explicación por parte del narrador de por qué el protagonista se ha convertido en insecto.

A mediados del siglo XX aparece el “realismo mágico”, común en muchos de los escritores hispanoamericano. Jorge Luis Borges, con sus cuentos enlazados por temas como los sueños, los laberintos, los espejos o los autores ficticios y Gabriel García Marquez, con su novela Cien años de soledad, son los mayores exponentes de este movimiento.

En la actualidad, los relatos de fantasía han creado un público y un sector editorial exclusivos gracias al éxito de J. R. R. Tolkien, J. K. Rowling o George R. R. Martin. El señor de los Anillos abrió paso a mediados del siglo XX a una potente avalancha de literatura de fantasía. Harry Potter o Juego de Tronos han arrasado entre el gran público y han creado expectación en millones de personas.

La fantasía está más viva que nunca. Solo hay que ver como los relatos de fantasía llenan las estanterías en las librerías y son adaptados a los medios audiovisuales creando un alud de seguidores sin precedente.


Por Arima Rodríguez

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