Cuentos cortos para niños


Breve historia de los cuentos cortos para niños:

A lo largo de la historia, los cuentos cortos para niños han formado parte de la crianza. Solemos leer a los niños no solo con el fin de entretenerlos o ayudarlos a conciliar el sueño, sino además, con otro objetivo aun más importante: favorecer su desarrollo emocional.

La inteligencia emocional nos permite manejarnos de manera eficaz en nuestras vidas y participa también en las relaciones con los demás, en la aceptación personal y la gestión del estrés y de los retos. Con vistas al futuro, es vital a la hora de conseguir objetivos y superar los obstáculos. Esta inteligencia se desarrolla principalmente en la infancia, donde nuestro cerebro está aún en formación y captando todo tipo de estímulos.

Ayudar a los pequeños a desarrollar una sólida inteligencia emocional hará de ellos personas más felices y capaces. La lectura de cuentos es una de las herramientas más eficaces, de ahí la importancia de que estos muestren valores positivos con los que el niño pueda identificarse por medio de historias en las que los personajes se encuentran con ciertos temas u obstáculos que les hacen crecer y mejorar.

El vínculo emocional que se crea con los padres a través del momento de la lectura de relatos es de suma importancia a nivel afectivo. Además, se fomentan aspectos tan importantes como la creatividad y la imaginación, la memoria, el pensamiento racional y el conocimiento del mundo.

Hoy en día encontramos cuentos cortos para niños de todos los géneros y en diversos formatos, pero este gran abanico es un fenómeno muy reciente en términos de historia de la literatura.

En la Edad Media y el Renacimiento, apenas había acceso a los libros, y aquellos que llegaba a los niños no se parecen en nada a lo que hoy entendemos por libro infantil. Más que contar historias de aventuras, incluían lecciones morales que reflejaban las creencias de la época.

La popularización de la imprenta hizo que se comenzaran a editar cuentos para niños hasta entonces difundidos solo oralmente: las Fábulas de Esopo y los Cuentos de antaño de Charles Perrault son ejemplos de esta época. De este último encontramos clásicos como La Cenicienta, El gato con botas, Caperucita Roja y Pulgarcito.

La mayoría de estas historias tenían un alto contenido de monstruosidades. Eran épocas en las que la subsistencia era muy difícil, así que cuando se les contaban estos cuentos tan macabros a los niños era con el fin de que aprendieran a sobrevivir. Posteriormente, estos cuentos cortos para niños fueron mutando y adquirieron un contenido más adecuado para el público a los que iban destinados.

En el siglo XVIII, Robinson Crusoe y Los viajes de Gulliver, ambas dirigidas a los adultos pero recomendadas también para niños, son ejemplos del aumento de la literatura infantil de la época. Sin embargo, el avance de la psicología concluyó que el niño no es un adulto en miniatura, sino que tiene una concepción diferente del mundo, con lo que la literatura tuvo que adaptarse a esta certeza.

A principios del siglo XIX, el auge de la fantasía dio a dos iconos de la literatura infantil: los hermanos Grimm quienes, desde “Blancanieves” hasta “La bella durmiente”, popularizaron muchos personajes famosos gracias a sus Cuentos para la infancia y el hogar y Hans Christian Andersen, con sus Cuentos para niños, donde conocimos a “La sirenita” y “El patito feo”. La editorial Saturnino Calleja fue la que divulgó las mejores piezas destinadas al público infantil en España gracias a los denominados “Cuentos de Calleja”, que contaban con la colaboración de grandes ilustradores.

Autores como Oscar Wilde, Mark Twain o Kipling trabajaron en el género infantil, sin embargo, sería en el siglo XX cuando esta literatura adquiriría su completa madurez. La psicología y necesidades del niño serían valoradas a la hora de trazar personajes y tramas adecuadas para ellos. La lista de clásicos infantiles es muy extensa y podría estar encabezada por libros tan conocidos como Peter Pan, El principito, Las crónicas de Narnia y La historia interminable.

En definitiva, invertir tiempo en cuentos para los niños, es emplear esfuerzo en educación de calidad y en cariño.


Por Arima Rodríguez

 

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