Cómo escribir un relato corto

 

Con mucha probabilidad, leer mucho y seguir a los grandes maestros, sea una de las mejores maneras de comenzar a prepararte para la tarea de convertirte en un buen narrador de relatos cortos. Edgar Allan Poe, uno de los grandes genios del relato, cuyos finales nunca han dejado a nadie indiferente, elaboró un fantástico decálogo con diez consejos sobre cómo escribir el perfecto relato.

Sin embargo, cada autor, género e historia tiene su propia personalidad, características y necesidades. No hay una fórmula mejor que otra, pero sí hay métodos que se adaptan de manera más adecuada a tus preferencias. Es necesario probar con diferentes tácticas para descubrir cuál te funciona mejor. El objetivo último consiste en conseguir tu propio método de trabajo y que te marche bien a ti, independientemente de que a otros les vaya mejor cualquier otro.

¿Por qué un relato corto? Los relatos cortos no solo atrapan con facilidad al lector, sino que crear un principio, un nudo y un desenlace nos llevará mucho menos tiempo. Es una manera fantástica de dar a conocer nuestro arte y de iniciarnos en el mundo de la escritura.

Una vez hayas decidido que vas a escribir un relato y, antes de meterte de lleno en cómo lo quieres hacer, lo primero será pensar qué deseas contar.

Una vez que hayas terminado de leer este artículo, y si quieres más técnicas de escritura, te recomendamos el libro El viaje del escritor de Christopher Vogler, que recoge la herencia que nos dejó Joseph Campbell. Este libro ha sido el referente en grandes escritores de todo el mundo y si eres un amante de la escritura tienes que conocer.

   

 

A la caza del tema de nuestro relato


Desde el inicio de los tiempos hasta ahora, la humanidad ha escrito siempre alrededor de ocho temas básicos (la búsqueda, la realización existencial, las relaciones, etc.). Hacer un exhaustivo listado de estos no tiene mucho sentido, ya que está todo dicho desde hace tiempo.

Lo importante es contarlo de forma interesante, y esto solo lo lograrás rebuscando e indagando en tu interior. Quizás hablando de algo que pueda parecer intrascendente puedas escribir un relato maravilloso porque sea a través de este tema como consigas exteriorizar algo que sea muy tuyo. Cuenta historias que hablen de los temas de siempre pero hazlo como solo tú seas capaz de hacerlo. Escoge algo que te haga sentir la necesidad de sentarte a escribir.

Un requisito indispensable en el relato es su corta longitud, por lo que no es viable, al desarrollar el tema —sea cual sea el que hayas elegido —contar cada detalle, sino desplegar aquellos aspectos que sean imprescindibles con el fin de crear la atmósfera necesaria, contar la historia que tienes en mente o conseguir en el lector las expectativas que te hayas trazado.

Una vez hemos elegido el tema, tenemos que buscar quién será nuestro protagonista: ese elemento importante que va impulsar la trama. También podemos escoger otros personajes para apoyarlo, como veremos a continuación.

 

Momento del casting: protagonista y personajes de nuestra narración

 

Construir bien a tus personajes hará que tu historia tenga mayor calidad. Es importante que el lector sea capaz de ver la trama a través de estos y que se sienta que puede calzarse sus zapatos.

 

  1. Protagonistas: el protagonista es el personaje principal, no es necesariamente ni el narrador (como veremos más adelante), ni el bueno de la historia: es el que toma las decisiones que impulsan la narración y le dan significado. Incluso puede tratarse de un animal, un objeto o cualquier otra cosa. Si quieres convencer a tus lectores de lo que les cuentas, el primero que debe experimentar la historia es el protagonista.

 

Lo habitual en la mayoría de las historias es que sea el héroe, aunque muchos relatos que cuentan con un antihéroe como personaje principal han tenido un enorme éxito. El antihéroe no tiene por qué ser un delincuente, sino alguien que carece de los valores propios del héroe.

También puede haber varios protagonistas, aunque esto es más propio de narraciones extensas. En caso de introducir más de uno, es importante dejar claras las características que diferencian a unos de otros.

Antes de decidir los valores que tendrá el personaje principal de tu relato prueba a cuestionarte lo siguiente: ¿Qué tipo de protagonista, héroe o antihéroe me ayudará a transmitir mi idea mejor? ¿Qué diferencia a mi personaje del resto? ¿Posee alguna característica que destaque? ¿Qué relación tiene con el escenario?

 

  1. Personajes secundarios: sirven para complementar la historia o construir sensaciones. Un relato debe tener poca extensión, así que solo introduzcas los personajes que vayan a influir de manera clara sobre la trama. Los secundarios pueden ser tanto aliados como enemigos del protagonista; estar presentes todo el relato, o aparecer y desaparecer en momentos estratégicos.

 

¿Ya has elegido a tu protagonista y a los personajes secundarios? Ahora toca saber cómo lo vas a contar. Descubrir qué tipo de escritor eres es fundamental para que planifiques (o no) tu historia.

 

Conociéndote a ti mismo: tipos de escritor

 

Si alguna vez has escrito algo, probablemente te vas a sentir identificado con alguno de estos tres perfiles. Y si aún no has probado a escribir, verás que encajarás a la perfección en uno de ellos.

Existen tres tipos en líneas generales.

 

  1. Escritores de brújula: con un solo punto de partida y una vaga idea de un lugar, de un personaje, o de un suceso, se lanzan a narrar la historia sin ningún tipo de planificación. Tienen que descubrirla a medida que escriben.
  •  Desventajas: costoso trabajo de edición, bloqueos creativos o historias caóticas y con errores.
  • Ventajas: No necesitan más que una pequeña idea para comenzar, tienen una experiencia muy parecida a la de su futuro lector al ir descubriendo la historia y, por último, pero no menos importante, pueden explorar y divertirse.

 

  1. Escritores de mapa: se suelen sentar varias semanas e incluso meses —en el caso de novelas —a planificar con todo tipo de detalles sus personajes, lugares, giros en la trama, etc.
  • Desventajas: puede resultar aburrido saber lo qué va a ocurrir todo el tiempo y además, durante la etapa de planificación, seguramente no escriban nada.
  • Ventajas: evitan el bloqueo del escritor, saben con cierta flexibilidad cuánto tardarán en escribir y tienen que resolver menos problemas de coherencia en la historia.

 

  1. Escritor híbrido (a medias entre mapa y brújula): no todos los escritores de brújula escriben sin planificar absolutamente nada, ni todos los de mapa tienen una guía perfectamente detallada, sobre todo porque siempre surgen alternativas mejores e imprevistos.

 

Haz algunos experimentos y trata de averiguar qué tipo de escritor eres.

Vayamos al siguiente paso: cómo quieres contar tu historia.

 

El punto de vista narrativo idóneo para nuestro relato

 

Lo que vas a escribir tiene que ser observado desde un punto de vista, el del narrador. Básicamente tenemos dos tipos:

  1. Narrador en primera persona: es el propio personaje quien narra. Es la mejor opción si quieres mostrar todos sus conocimientos y emociones. Este narrador está dentro de la cabeza del personaje y a los demás los verá como un narrador en tercera persona, que viene explicado en el siguiente punto.

 

  1. Narrador en tercera persona:
  • Limitado: pensemos en el narrador como si fuera una cámara que el personaje lleva: tiene la capacidad de ver lo mismo que ve el personaje o escucharlo si este piensa en voz alta. Aquí, por ejemplo, la historia podría ser contada por un amigo del protagonista, su perro o alguien que le acecha.
  • Omnisciente: usa el punto de vista del protagonista, lo sabe todo acerca de él, pero el conocimiento que tiene del resto de personajes es limitado y depende de lo que sepa el protagonista. Cuando el narrador accede a escenas en las que el protagonista no está, se comporta como un espectador. En un momento determinado, este narrador puede, incluso, desvelar su futuro o saber cosas que los mismos personajes desconocen.

Más allá de elegir un tipo de narrador u otro, lo importante es que seas coherente con el que has elegido. Cuando hablamos de relato, lo más adecuado es no cambiar de narrador durante toda la historia, esto es más propio de las novelas, en las que puedes cambiar de capítulo cuando adoptas una perspectiva nueva.

Ahora pensemos en otro factor muy importante a la hora de contar la historia. ¿Desde qué perspectiva temporal la vas a narrar?

 

Repasando los verbos: el mejor tiempo narrativo para nuestra historia

 

Tenemos dos opciones: presente y pasado.

Se trata de una elección que va a influir sobre todo en el ritmo de la historia. Tanto uno como el otro tiene ventajas e inconvenientes.

Es importante que te cuestiones varias cosas antes de seleccionar el tiempo narrativo adecuado para tu relato: ¿Voy a narrar acciones que ocurran en diferentes tiempos? ¿Es imprescindible que ocurra en presente o en pasado? ¿En qué tiempo verbal me resulta más cómodo escribir?

Vamos a ver cómo funciona cada uno de los tiempos.

 

  1. Presente: cada vez son más frecuentes los relatos narrados en este tiempo, en los que la acción va sucediendo a la vez que se cuenta. Es por ello por lo que se le llama narración simultánea: los verbos de acción están en presente y los pensamientos van surgiendo al mismo tiempo que ocurre todo en la historia.

 

Es muy adecuado para dar inmediatez y darle al lector la sensación de que el final no está escrito. Le otorga agilidad al relato ya que no se presta tanto a descripciones y reflexiones, lo cual es ideal para un formato narrativo de poca extensión. Si lo pensamos bien, no resulta muy natural que un personaje que cuenta todo segundo a segundo se detenga a describir algo de manera detallada, aunque, por supuesto, se puede hacer.

 

  1. Pasado: es el más clásico. La acción transcurre como si todo hubiese pasado hace tiempo. Resulta muy natural, porque es como cualquiera te contaría una historia que le ha sucedido. Te da, además, mucha holgura para hacer reflexiones o descripciones.

 

Aunque no es tan inmediato como el presente, el lector tiende a vivir la historia contada en pasado como si estuviese sucediendo en ese mismo momento.

 

  1. Flashback: el narrador cuenta desde el presente algo que sucedió tiempo atrás. Esta forma de escribir puede eliminar parte de la intriga: por ejemplo, si un personaje está recordando una historia relacionada con crímenes, ya sabemos que, hasta ese momento, no muere.

 

A la hora de escribir entraña cierta dificultad, hay que mirar con lupa qué información se adelanta porque podemos estropear la trama. Es imprescindible escoger bien cuándo hay que emplear los tiempos verbales en presente y cuándo en pasado.

Lo que no resulta en absoluto conveniente es mezclar tiempos verbales diferentes en pocas líneas. El lector se haría un lío y no sabría en qué momento de la acción se encuentra.

Seguramente te estés preguntando ahora por los tiempos verbales en futuro. Estos los vamos a utilizar cuando el narrador cuente acontecimientos que aún no han sucedido: premoniciones, amenazas, etc. Generalmente, el futuro va a conseguir que el lector quiera saber qué va a pasar. Es una buena manera de darle impulso a nuestro relato.

Otro uso del futuro es el de las anticipaciones hechas por el narrador, que aumentan la tensión y sirven para mantener enganchado al lector.

Ya tenemos muchas cosas elegidas: el tema, el punto de vista narrativo, el tiempo verbal… pues vamos a ponernos manos a la obra y comencemos a escribir ese fantástico relato.

 

Cogiendo la pluma: escribamos el inicio de nuestro relato

 

El inicio es primordial para mantener interesado al lector, así que es muy importante elaborar un buen comienzo. Existen multitud de maneras interesantes de iniciar tu relato para atrapar al lector. Lo aconsejable es probar con unas cuantas y quedarte con la que mejor se adapte a tu estilo. Con el tiempo, esos inicios saldrán por sí solos de tu cabeza.

Hemingway nos aconsejaba, para iniciar un relato, el uso de frases breves. A veces cuanto más sencillo y tranquilo sea el inicio, más eficaz resulta.

En otras ocasiones, el uso de un flashback, del que ya hemos hablado en el apartado anterior, tiene la capacidad de meter al lector en la historia desde la primera frase. Un momento clave del personaje puede ser el perfecto pistoletazo de salida de nuestra obra maestra.

También podemos probar con una frase contundente pronunciada por el protagonista, una leve descripción de este o una confesión.

…¿Y si comenzaras tu relato por el final? ¡Ahí lo dejo!

Bueno, ya está escrito ese inicio que va a enganchar al lector. Vamos ahora a por la trama.

 

Metidos de lleno en el relato: la trama

 

Un desarrollo eficaz de la trama es imprescindible para mantener la atención del lector. Hay varios elementos de esta que es importante conocer con el fin de que no resulte plana e insípida.

 

  1. Trama principal: durante la primera parte de la trama debe aparecer la situación o acontecimiento que va a alterar el equilibrio de las circunstancias. La aparición del conflicto es la puerta de entrada hacia el desarrollo, el motor de nuestra historia. Siempre hay un obstáculo al que el protagonista debe enfrentarse o un objetivo que espera alcanzar.

 

Hacia la mitad de la trama, debemos introducir el clímax: el momento en que el protagonista supera el conflicto o toma la resolución de solventarlo. Este actúa como nexo entre desarrollo y desenlace.

 

  1. Tramas secundarias: son tramas con una estructura igual a la de la principal, pero se desarrollan en un tono de menor importancia y están sujetas a esta con el fin de reforzarla. En el caso del relato corto, la aparición de una trama secundaria podría darle excesiva complejidad a una narración de poca extensión, aunque se puede esbozar e introducir si se hace con maestría.

 

Al crear tramas, es importante pensar el orden en el que irán apareciendo los acontecimientos. Puede estar en orden cronológico, o puede que te parezca más atractivo ir saltando atrás y adelante en el tiempo.

Existen dos tipos de saltos que alteran el orden del transcurrir del tiempo: flashback (saltos hacia atrás, que ya hemos explicado) y las prolepsis (anticipan una escena posterior, como ya comentamos en el uso del futuro en los tiempos narrativos).

Hablar de capítulos en un relato no es muy habitual, aunque si la extensión de este lo requiere, podría dividirse para dar un descanso al lector y presentar un aspecto del conflicto diferente a la que el protagonista deberá hacer frente. Podremos aprovecharlo para cambiar de escenario, de momento en el tiempo o de protagonista, si nuestro relato tiene más de uno.

Ha llegado el instante de enfocarnos en el final: lo que va a cerrar nuestro relato de manera redonda y le va a dar ese punto de calidad que hará que el lector regrese una y otra vez a nosotros en busca de más.

Para profundizar aun más en este punto te recomendamos el libro El guion de Robert McKee, que ha vendido millones de copias y en el que explica con profundidad todo lo referente a cómo construir un buen guion.

   

 

Buscando el punto final para cerrar nuestra narración

 

Con mucha probabilidad escribir un buen final sea lo más complejo de todo. Hay finales que componen un círculo con el inicio del relato; otros que se quedan completamente abiertos y otros que en los cuales surge algo que nos genera sorpresa.

De alguna manera, todo comienzo lleva consigo ya la profecía de su final.

Hay quienes piensan que el final es lo único que importa, ya que muchos lectores, por muy bueno que sea el relato, si el final les parece decepcionante, olvidan cualquier gran momento que hayan vivido mientras leían el resto de la narración.

Vamos a ver unas cuantas técnicas que pueden resultar eficaces para que construyas un final inolvidable:

 

  1. Ofrece información acerca del futuro de los protagonistas: Si el lector se encariña con los personajes y les dejamos dudas sobre qué será de ellos, puede que se sientan insatisfechos y que no quieran volver a leer otro relato nuestro.
  2. Sorprende al lector: Evitemos el tan temido “se veía venir”. Siempre hay que superar las expectativas, hay que huir de los finales previsibles y aburridos.
  3. Ten mucho cuidado con la extensión: No te extiendas con largas explicaciones, pero tampoco lo hagas tan corto que dé la impresión de que no has sabido bien cómo terminar la historia. Un resumen del relato podría ser tedioso, al igual que las detalladas explicaciones de cada por qué. Un cierre filosófico, unas frases lapidarias o una imagen fuerte pueden hacer que el final de tu narración sea inolvidable.
  4. Deja atados todos los cabos: Cuando iniciamos la historia siempre planteamos una serie de problemas o preguntas, así que antes de poner el punto final, asegúrate de que todo haya quedado atado y de que no se hayan producido incoherencias.

 

Ya has escrito ese final inolvidable que hará que el lector haya quedado boquiabierto. Ahora viene una de las cosas que, aunque parece muy simple, a veces cuesta bastante: dar con el título adecuado para tu relato.

 

Pequeño pero importante: el título de nuestro relato

 

Decía Benedetti, y con mucha razón, que “una parte importante de un cuento es el título: lo ilumina”. No debe desvelar el misterio, ha de sugerir, atraer y mantener el estilo de la historia. ¿Cómo buscar el adecuado?

 

  1. Muchas veces, el título lo encontraremos en el propio texto. Un fragmento de diálogo sugerente, por ejemplo, puede hacer las veces de título.
  2. Piensa en tu relato y trata de responderte a: ¿qué cuenta mi historia? ¿de qué va? ¿qué sensaciones transmite? La respuesta a alguna de esas preguntas puede darte la solución.
  3. Busca en otros relatos. Analiza los de otras historias similares cuyos títulos te gusten. Piensa en por qué te gustan y qué crees que es lo que los convierte en buenos títulos.

 

Existen varias fórmulas que suelen dar resultados efectivos: “sustantivo + de + sustantivo” o “sustantivo + adjetivo”, nombres de personajes, una sola palabra que tenga fuerza, una frase hecha o expresión habitual, etc.

Ya hemos terminado nuestro fantástico relato y le hemos puesto un buen título. No olvides nunca revisarlo para evitar errores de ortografía, el uso excesivo de algunos términos, erratas o problemas de coherencia que se te puedan haber pasado por alto. Si puedes, muéstraselo a alguien de confianza que te de una primera impresión sincera sobre tu relato.

Ahora te queda hacer lo más importante: practicar mucho y ser feliz escribiendo.


Relatos que recomendamos y nos han encantado

Con finales inesperados y voces narrativas nada usuales

A continuación te dejamos algunos ejemplos que pueden inspirarte para crear una voz narrativa que se salga de lo habitual o para darte una idea de un final inesperado.

Relatos de terror


Breve historia de los relatos de terror:


Los relatos de terror
(de miedo u horror) son una composición literaria breve, la mayor parte de las veces fantástica, que trata de generar angustia o inquietud y que además puede llevar, por parte del autor, otra finalidad más allá del propio hecho de provocar terror.

El origen de los relatos de terror se encuentra en el relato tradicional, es casi tan antiguo como la humanidad y encarna los miedos y las angustias propias de la cultura de cada época. Las historias de miedo las hallamos también en tradiciones mitológicas, como la greco-romana, e incluso en la Biblia.

Durante la Edad Media y Renacimiento también se cultivó este género, sin embargo, alcanzó su máximo auge en el siglo XVIII, en especial en la tradición literaria anglosajona por parte de un grupo de hombres un tanto siniestros, que se hicieron llamar “Los Poetas de la Tumba” y entre los que destacaba Thomas Parnell que influyeron, más tarde, en los autores del siglo XIX.

Existe una gran fecha para la literatura de terror: junio de 1816. Durante unos días, el poeta Percy Shelley, su esposa Mary, el doctor J. William Polidori y el excéntrico Lord Byron se dieron cita en una mansión en la que quedaron retenidos por una terrible tormenta. Decidieron entretenerse llevando a cabo una batalla de relatos de terror. Se engendraría en aquel momento la novela que cambiaría este género en adelante: Frankenstein.

Edgar Allan Poe y Washington Irving lo cultivaron con un talento y una maestría inigualable también en este siglo XIX. Es imprescindible destacar a Poe, considerado maestro del género de terror gótico, creando una escuela que ha perdurado hasta nuestros días.

Algo posteriores, Bram Stoker y H. P. Lovecraft, creador de espeluznantes relatos sobre terrores antiguos ocultos en el fondo de la tierra o el mar, dieron un toque maestro tal, que en torno a ellos se ha creado toda una legión de fans que aún se mantiene viva.

Cualquier lector actual podría escandalizarse ante las sobrecogedoras obras originales de los Grimm o de Andersen en sus cuentos dirigidos a niños. Pero recordemos que los pequeños de aquella época convivían con la muerte a diario: epidemias, guerras y hambre. En la actualidad, todas estas historias han pasado por el filtro Disney, con su considerable edulcoramiento.

A finales del siglo XIX, Ambroce Bierce daría comienzo al terror contemporáneo introduciendo el arquetipo del fantasma en un entorno moderno. H.G Wells, con su obra La Guerra de los Mundos, trajo desde el espacio exterior una nueva fuente de miedo. También por esta época, la secreta Golden Dawn, con autores como Lord Dunsany, Blackwood o el infame Alister Crowley crearon gran parte de las obras de miedo de aquellos finales del XIX.

En el siglo XX, tendríamos que esperar hasta los 70 para que la literatura de terror volviera a florecer. Blatty dio el pistoletazo de salida con El Exorcista y Stephen King seguiría sus pasos con su prolífica obra. En esa época, la mayor parte de esta literatura acabó en la gran pantalla.

Poco después, entre los 80 y los 90, serían los asesinos en serie los protagonistas de este tipo de literatura. Personajes como Hannibal Lecter se apoderarían del género. El Silencio de los Corderos y American Psycho marcarían, sin olvidar la interminable producción de Stephen King, el terror en este nuevo milenio.

No podríamos cerrar nuestro recorrido sin hablar del género en la actualidad. Internet y sus creepypastas: el nombre proviene de copy and paste y son mitos urbanos que se cuentan como reales y que involucran sucesos terroríficos e increíbles. Estas historias breves son copiadas y copiadas hasta que su contexto y autoría originales se pierden en las profundidades de la red.

Por último, una reflexión: si el miedo no parece, en principio, una emoción agradable, ¿por qué nos gusta tanto? Stephen King lo explica en Danza macabra: “Horror, terror, miedo, pánico; esas son las emociones que nos llevan a salirnos de la multitud y nos hacen sentir solos. […] Pero la paradoja es que el ritual que surge de estas emociones parece hacer retornar las cosas una vez más a una situación más estable y constructiva”.


Por Arima Rodríguez

 

Relatos de misterio


Breve historia de los relatos de misterio:


Relato de misterio
es, en la mayoría de las ocasiones, sinónimo de narración detectivesca o de crimen, es decir, aquella historia en la cual un personaje investiga los acontecimientos acaecidos en el relato en busca de una solución lógica.

A veces los libros de misterio tratan sobre crímenes que realmente acontecieron, con lo que se ha creado ya un subgénero en toda regla al que se le ha bautizado como true crime.

Este tipo de relatos puede abarcar también un misterio de carácter sobrenatural o carecer de un crimen que deba ser resuelto, ya que las novelas que se encuadran en este género no son todas iguales.

Hay una amplia variedad de subgéneros con sus propias reglas y seguidores:

Cozy: narración policíaca en la que no existe violencia explícita y en la que el lector recoge el reto de desentrañar el caso mientras lee. Se centra en el crimen de una víctima que no se echará de menos o que no ha generado empatía en el lector. Después de una serie de sucesos, el astuto investigador logra dar con la explicación que da sentido a todo y para exponerla reúne a todos los involucrados. Edgar Allan Poe dio inicio a este tipo de relatos de misterio con su personaje Auguste Dupin.

Posteriomente fueron Agatha Christie, una de las autoras más leídas de la historia, y Arthur Conan Doyle con su Sherlock Holmes, quienes impulsaron con fuerza este género.

Novela Negra (noir): un ambiente crudo y desesperanzador la defina. Cuenta la historia de los personajes del lado oscuro: criminales, adictos, policías corruptos, etc. Es el extremo opuesto de las narraciones cozy. Las novelas de investigadores privados entran en el género negro y son todo un icono de la cultura norteamericana. Este subgénero solía aparecer con frecuencia en las Pulp Fiction de los años 30 y 40. Destacan escritores como Dashiell Hammett con su Halcón Maltés y Raymond Chandler con su personaje Philip Marlowe.

En España es imprescindible mencionar a Manuel Vázquez Montalban y su detective Pepe Carvalho.

Comedia de misterio: La historia se distingue por elementos de humor y aventura, cuyo protagonista suele ser un investigador inútil al que las cosas le salen mal constantemente. Mientras intenta llevar a cabo sus planes va resolviendo, casi sin querer, la situación.

Policial clásico, legal o médico: estos subgéneros de relatos de misterio se caracterizan por mostrar procedimientos policiales, judiciales o médicos de forma precisa. Muchos escritores que lo escogen son policías, abogados o médicos debido a la cantidad de información necesaria para construir una narración creíble. Robin Cook es ejemplo de creador de best sellers de este género.

Thriller: en este caso, el investigador no persigue al criminal sino que es el protagonista el que está siendo perseguido o atacado. La cuestión radica en cómo se las apañará para seguir con vida hasta averiguar quién está detrás o qué pasa en realidad. Suelen mantener la tensión con un argumento trabajado hasta en el menor detalle.

Histórico: en este subgénero, que consiste en trasladar los relatos de misterio a otra época, es necesario encontrar el equilibrio entre la trama y la ambientación. El nombre de la rosa, de Umberto Ecco, es probablemente el más representativo.

Misterio de ciencia ficción: como en el apartado anterior, trasladamos la historia en el tiempo, pero esta vez al futuro. Muchos escritores de ciencia ficción buscan en el misterio el soporte para el desarrollo de nuevas realidades, el mejor ejemplo es Robots de Isaac Asimov.

Crimen Blanco: la característica de este subgénero es que se centra en la planificación y ejecución de un golpe y sus contratiempos. El momento álgido se logra con la intriga de saber si el plan tendrá éxito.

Existen muchas otras subtramas dentro del género de misterio, aquí se han mencionado las más frecuentes. En ocasiones este se acerca al del terror cuando se trata de sucesos violentos y macabros, o de una serie de crímenes de ese tipo.

Nos encantan los relatos de misterio porque suelen ir acompañados de una investigación, y eso hace que los lectores no podamos levantar la mirada de las páginas si está bien narrado.


Por Arima Rodríguez

 

Relatos de fantasía


Breve historia de los relatos de fantasía:

Un relato de fantasía, o relato fantástico, es una narración donde se cuentan sucesos sobrenaturales que no pueden explicarse desde la razón. Sus personajes no existen en el mundo real, y si son tomados de este, realizan acciones que serían descabelladas en la existencia cotidiana.

La definición no es demasiado precisa, ya que la mayoría de los cuentos se basan en situaciones o personajes extraordinarios. Esto sucede con los relatos mitológicos y religiosos, pero no se consideran narraciones de fantasía.

Muchos autores se han aventurado a realizar una subdivisión dentro de este género tan amplio. Destaca la realizada por Tzvetan Todorov, cuya clasificación depende de si los hechos son o no explicables a través de la razón y la manera en que estos son resueltos.

Los primeros relatos de fantasía se encuentran en antiguas narraciones arraigadas en el imaginario colectivo. El Poema de gilgamesh, 2000 a. C., es uno de los primeros textos con componentes fantásticos: gigantes, dioses e intervenciones extrañas. Homero, en la Ilíada y la Odisea, hace participar a dioses olímpicos, con sus prodigiosos poderes, y a criaturas asombrosas. La Eneida, de Virgilio, dejó una impronta indeleble inspirando obras posteriores como La Divina Comedia.

En la época medieval, la mitología céltica tuvo importante influencia en las leyendas artúricas, que a su vez influyeron más tarde en las novela de caballerías. Este género, el romance, recuperó mitos y leyendas pero también creó los suyos propios. Algunos poemas, como Beowulf, narran sucesos con orígenes históricos pero modificados por la intervención de lo fabuloso. Otras composiciones, como el Cantar de mio Cid, son más realistas, pero cuentan con episodios milagrosos aunque sin criaturas fantásticas.

Durante el Renacimiento y su racionalismo, la fantasía atravesó un tiempo de vacío. La publicación del Malleus Maleficarum y La Inquisición contribuyeron al desprestigio de los relatos de fantasía, a no ser que cumpliesen con funciones de adoctrinamiento. Sin embargo, a pesar del rechazo a lo sobrenatural, la emoción que el miedo a la muerte y a lo desconocido han producido siempre, fueron suficientes como para que el género no terminara de desaparecer.

Es imposible hablar de literatura fantástica sin mencionar a William Shakespeare, su magia y sus criaturas sobrenaturales: Hamlet, Macbeth o Sueño de una noche de verano son ejemplo de su teatro plagado de fantasía.

El Siglo de las Luces había dejado ver que la realidad poseía un lado oscuro que la razón no podía explicar. Esto sería hábilmente aprovechado para crear la novela gótica del Romanticismo, cuya legión de fans llega hasta nuestros días. Edgar Allan Poe, Bram Stoker o Mary Shelley, cultivaron el género, colocando el terror psicológico en el punto clave de sus relatos fantásticos.

En la transición del siglo XIX al XX, la revolución que suponen los descubrimientos científicos —la física cuántica y la relatividad, que parecen salidas de un relato fantástico— destrozan el propio concepto de realidad. Los escritores reaccionan  regresando a la literatura mitológica, como H.P. Lovecraft —con su amplia cantidad de seguidores hasta el presente— y Lord Dunsany. Otros introducen el fenómeno sobrenatural como un elemento totalmente natural: La Metamorfosis, de Kafka, es un claro ejemplo. No existe explicación por parte del narrador de por qué el protagonista se ha convertido en insecto.

A mediados del siglo XX aparece el “realismo mágico”, común en muchos de los escritores hispanoamericano. Jorge Luis Borges, con sus cuentos enlazados por temas como los sueños, los laberintos, los espejos o los autores ficticios y Gabriel García Marquez, con su novela Cien años de soledad, son los mayores exponentes de este movimiento.

En la actualidad, los relatos de fantasía han creado un público y un sector editorial exclusivos gracias al éxito de J. R. R. Tolkien, J. K. Rowling o George R. R. Martin. El señor de los Anillos abrió paso a mediados del siglo XX a una potente avalancha de literatura de fantasía. Harry Potter o Juego de Tronos han arrasado entre el gran público y han creado expectación en millones de personas.

La fantasía está más viva que nunca. Solo hay que ver como los relatos de fantasía llenan las estanterías en las librerías y son adaptados a los medios audiovisuales creando un alud de seguidores sin precedente.

 

Por Arima Rodríguez

 

Relatos de ciencia ficción


Breve historia sobre los relatos de ciencia ficción:

Los relatos de ciencia ficción narran acontecimientos posibles en un marco imaginario y, aunque son fundamentalmente especulativos, su verosimilitud se apoya en la ciencia. Sus características son las siguientes:

Acción: las posibilidades son muchas, desde viajes espaciales y apocalipsis, hasta robots, alienígenas, etc.

Tiempo: presente, futuro o tiempos alternativos que nada tienen que ver con la realidad conocida.

Espacio: terrestre o extraterrestre, dimensiones alternativas, universos paralelos, etc.

Personajes: desde humanos o seres antropomórficos y entidades artificiales de forma humana, hasta criaturas no antropomórficas.

El término ciencia ficción nace en los años veinte en Estados Unidos. Hugo Gernsback, quien da nombre a los premios Hugo, galardón otorgado a este tipo de obras, lo incorporó a la portada de la revista de narrativa especulativa más conocida, Amazing Stories. A partir de ahí se comenzó a utilizar de manera generalizada.

John Clute, creador de la Enciclopedia de la Ciencia-Ficción, llama proto ciencia-ficción a los relatos antiguos que sentaron las bases de la actual literatura de este género. Historia Vera, de Luciano de Samósata, escrita en el año 150 d.C., narra las aventuras de unos navegantes que son arrastrados por una tormenta hasta la Luna. Allí conocerán a un grupo de selenitas envueltos en una guerra interplanetaria.

Algunos ejemplos de obras de proto ciencia ficción nos lo ofrecen Tomas Moro y su Utopía (1516) que ofrece las primeras visiones de posibles futuros idílicos pero distópicos y La Nueva Atlántida (1626) de Francis Bacon, que describe un mundo donde la ciencia de la época es el eje.

Mary Shelley supuso un antes y un después en la concepción de los relatos de ciencia ficción con Frankenstein, donde la ciencia es fundamental, al conseguir por medio de la aplicación de electricidad que el monstruo cobre vida, y, sobre todo, gracias a El último hombre, que plantea qué ocurriría con la sociedad en el siglo XXI tras ser azotada por una plaga.

En la década de 1830, Poe anticipó en esta narrativa a través de varios relatos que reúnen algunos de los elementos primitivos de la ciencia ficción, como el mesmerismo. En su visionario ensayo Eureka se detallan lo que más tarde se conocerían por el nombre de agujeros negros y Big Crunch.

Julio Verne, el mayor exponente del siglo XIX de relatos de ciencia ficción junto a H. G. Wells, publicó en 1863 su primera obra con este tipo de contenido: Cinco semanas en globo. A partir de su ahí, el género empieza a cambiar su visión sobre la ciencia y pasa de ser una preocupación por lo desconocido a ser una base frecuente para historias de aventuras.

Es imprescindible hablar de H. G. Wells cuando se mencionan los relatos de ciencia ficción. Escribió obras utópicas y se anticipó a inventos que más tarde serían creados, al igual que Verne. H. G. Wells habló ya en aquellos años de aviones, viajes espaciales, armas nucleares, y algo parecido a internet.

En la década de los 30 del pasado siglo XX, varios factores hicieron que este género escalara puestos dentro de la literatura. Por un lado, la creación de la revista Astounding Science Fiction. En segundo lugar, la consagración de los nuevos autores del género: Isaac Asimov, considerado como un pionero en la ciencia ficción policíaca con sus novelas de robots, Arthur C. Clarke y Robert A. Heinlein. Y por último, narraciones por parte de autores que no se dedicaban específicamente a este género, como Aldous Huxley.

Tras la segunda guerra mundial caben destacar muchos títulos y autores importantes: 1984 de George Orwell, Crónicas marcianas o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, La naranja mecánica de Anthony Burgess o Dune de Frank Herbert.

En los años 80, la aparición de las primeras redes informáticas globales disparó la imaginación de los autores, y, convencidos de que se producirían ingentes transformaciones en la sociedad, crean el movimiento ciberpunk, una perspectiva pesimista del futuro donde la tecnología y el capitalismo someten a la población.

Movimientos más actuales como el steampunk o el biopunk se han subido a la ola de la ciencia ficción, y es que es absolutamente inevitable, sea la época que sea, abrir la mente a nuevas posibilidades ofrecidas por la ciencia.


Por Arima Rodríguez

 

Relatos de amor


Breve historia de los relatos de amor:

El amor ha sido a lo largo de la historia un tema constante en la creación literaria, así como en las restantes expresiones artísticas. Debido a la complejidad que entraña y que se resiste a la razón, ha dado lugar a multitud de formas de expresarlo. Hallamos relatos de amor desde mitos y leyendas de la antigüedad hasta obras literarias contemporáneas.

A la novela romántica o de romance, como proponen algunos autores, se le ha llamado también novela rosa, término que resulta de extremada utilidad para distinguirla de la novela romántica que se refiere al período cultural e histórico denominado Romanticismo.

Cabe destacar la curiosa la restricción que la asociación de Escritores Románticos de América hace a este tipo de literatura. Según ellos, para considerarse relatos de amor deben cumplir lo siguiente:

– La historia debe estar centrada de forma exclusiva en el amor romántico que surge entre dos personas, aunque pueden existir otras subtramas secundarias.

– El final de la narración tiene que ser positivo, el lector ha de pensar que el amor y la relación de los protagonistas serán eternos.

Obviamente, son muchísimos los desacuerdos, especialmente el del requisito de un final feliz. Como la archiconocida obra Romeo y Julieta, son muchos los que admiten historias sin un final feliz, siempre que la trama central sea el amor romántico entre los protagonistas. Existen multitud de relatos de amor que se apartan de estas reglas rígidas.

En las novelas románticas pueden también incluirse temas controvertidos, como la violación, la violencia doméstica o las adicciones y existen además multitud de subgéneros (fantástico, histórico, etc.).

A pesar de las numerosas posibilidades hay una tendencia despectiva hacia este tipo de literatura. Los relatos de amor son tratados por muchos como un género de segunda y se opina de ellos que el estilo, los personajes y la historia son simples. Se presupone que la escritura de estas novelas no supone un desafío mental, que carecen de léxico y descripciones complejas y que son mero entretenimiento.

El origen de esta literatura se encuentra en narraciones de la época clásica (Grecia y Roma) con un esquema similar al actual: encuentro de una pareja de jóvenes, separación y posterior reencuentro de los enamorados con final feliz.

Este tipo de literatura se ha desarrollado sobre todo en lengua inglesa. En los inicios de la novela moderna (siglo XVII) Samuel Richardson narra en Pamela la historia de una bella doncella llena de virtudes que consigue reformar al héroe libertino y casarse con él.

Más adelante, Henry Fielding construye ya historias con tramas y personajes más atractivos, especialmente sus heroínas, lo que influiría posteriormente en Jane Austen y sus protagonistas. Destaca su obra Tom Jones, donde se narra la historia de un joven libertino que quiere recuperar su herencia y se casa con Sophia Western, la bella e inteligente heroína.

En el siglo XIX, Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë y Jane Eyre de Charlotte Brontë, son consideradas novelas de amor clásicas, y ya presentan una mejor profundidad en cuanto a personajes y sus emociones.

Georgette Heyer (siglo XX) es considerada la creadora del género de romance histórico. En esa misma época comenzaron a escribir autoras que fundarían años después la Romantic Novelists’ Association

A finales del siglo XX resurgió la novela sentimental sin que las autoras siguieran el estricto modo anglosajón. Mención especial merece De amor y de sombra de Isabel Allende. Y es ya en 2009, cuando un grupo de escritoras españolas de relatos de amor, crean la Asociación de Autoras Románticas de España (ADARDE), para fomentar el género romántico y una mejor consideración de este.

Es un género leído sobre todo por mujeres. A lo largo de los años, las aficionadas se han vuelto más exigentes respecto al contenido, pidiendo historias documentadas y coherentes a la época de la trama, con mejores diálogos y personajes con mayor dimensión.

La novela rosa representa el 7% del total del mercado español, el doble que el género fantástico y siete veces más que el de terror. Su público llega a consumir, nada menos, que hasta cinco títulos al mes.


Por Arima Rodríguez

 

Cuentos cortos para niños


Breve historia de los cuentos cortos para niños:

A lo largo de la historia, los cuentos cortos para niños han formado parte de la crianza. Solemos leer a los niños no solo con el fin de entretenerlos o ayudarlos a conciliar el sueño, sino además, con otro objetivo aun más importante: favorecer su desarrollo emocional.

La inteligencia emocional nos permite manejarnos de manera eficaz en nuestras vidas y participa también en las relaciones con los demás, en la aceptación personal y la gestión del estrés y de los retos. Con vistas al futuro, es vital a la hora de conseguir objetivos y superar los obstáculos. Esta inteligencia se desarrolla principalmente en la infancia, donde nuestro cerebro está aún en formación y captando todo tipo de estímulos.

Ayudar a los pequeños a desarrollar una sólida inteligencia emocional hará de ellos personas más felices y capaces. La lectura de cuentos es una de las herramientas más eficaces, de ahí la importancia de que estos muestren valores positivos con los que el niño pueda identificarse por medio de historias en las que los personajes se encuentran con ciertos temas u obstáculos que les hacen crecer y mejorar.

El vínculo emocional que se crea con los padres a través del momento de la lectura de relatos es de suma importancia a nivel afectivo. Además, se fomentan aspectos tan importantes como la creatividad y la imaginación, la memoria, el pensamiento racional y el conocimiento del mundo.

Hoy en día encontramos cuentos cortos para niños de todos los géneros y en diversos formatos, pero este gran abanico es un fenómeno muy reciente en términos de historia de la literatura.

En la Edad Media y el Renacimiento, apenas había acceso a los libros, y aquellos que llegaba a los niños no se parecen en nada a lo que hoy entendemos por libro infantil. Más que contar historias de aventuras, incluían lecciones morales que reflejaban las creencias de la época.

La popularización de la imprenta hizo que se comenzaran a editar cuentos para niños hasta entonces difundidos solo oralmente: las Fábulas de Esopo y los Cuentos de antaño de Charles Perrault son ejemplos de esta época. De este último encontramos clásicos como La Cenicienta, El gato con botas, Caperucita Roja y Pulgarcito.

La mayoría de estas historias tenían un alto contenido de monstruosidades. Eran épocas en las que la subsistencia era muy difícil, así que cuando se les contaban estos cuentos tan macabros a los niños era con el fin de que aprendieran a sobrevivir. Posteriormente, estos cuentos cortos para niños fueron mutando y adquirieron un contenido más adecuado para el público a los que iban destinados.

En el siglo XVIII, Robinson Crusoe y Los viajes de Gulliver, ambas dirigidas a los adultos pero recomendadas también para niños, son ejemplos del aumento de la literatura infantil de la época. Sin embargo, el avance de la psicología concluyó que el niño no es un adulto en miniatura, sino que tiene una concepción diferente del mundo, con lo que la literatura tuvo que adaptarse a esta certeza.

A principios del siglo XIX, el auge de la fantasía dio a dos iconos de la literatura infantil: los hermanos Grimm quienes, desde “Blancanieves” hasta “La bella durmiente”, popularizaron muchos personajes famosos gracias a sus Cuentos para la infancia y el hogar y Hans Christian Andersen, con sus Cuentos para niños, donde conocimos a “La sirenita” y “El patito feo”. La editorial Saturnino Calleja fue la que divulgó las mejores piezas destinadas al público infantil en España gracias a los denominados “Cuentos de Calleja”, que contaban con la colaboración de grandes ilustradores.

Autores como Oscar Wilde, Mark Twain o Kipling trabajaron en el género infantil, sin embargo, sería en el siglo XX cuando esta literatura adquiriría su completa madurez. La psicología y necesidades del niño serían valoradas a la hora de trazar personajes y tramas adecuadas para ellos. La lista de clásicos infantiles es muy extensa y podría estar encabezada por libros tan conocidos como Peter Pan, El principito, Las crónicas de Narnia y La historia interminable.

En definitiva, invertir tiempo en cuentos para los niños, es emplear esfuerzo en educación de calidad y en cariño.


Por Arima Rodríguez

 

Relatos de humor


Breve historia de los relatos de humor:

La principal característica en la literatura de humor es que el autor crea a propósito efectos cómicos en el texto. Aunque existe la posibilidad de ser chistoso de forma involuntaria, hay que tener en cuenta que se incurriría en el ridículo, lo cual se saldría de la definición intrínseca de este género. En muchas épocas, como veremos más adelante, los relatos de humor se han utilizado para criticar la situación social o política de ese momento.

Este tipo de relatos se escribían ya en la época clásica: en Grecia, de la mano de Homero, Aristófanes y otros; y en Roma, donde la comedia y la sátira —género literario en el que a través de la burla se expresa indignación hacia alguien o algo —se desarrollaron de manera extensa. Cabe destacar el Satiricón, de Petronio.

En la Edad Media, la iglesia categoriza la risa como peligrosa y enuncia en el S. XII una escolástica sobre los usos indebidos del humor. El clero, precursor de casi todo el arte, evitó plasmar la risa o provocarla. En esta época, en la literatura cómica predominó la sátira, pero usada como herramienta para ridiculizar a los enemigos a través de refranes.

Durante el Renacimiento, la risa es liberada en la literatura. Ya en el Decamerón de Bocaccio y La Carajicomedia (de autor anónimo), se anticipa el humor del Renacimiento, se desvincula del propósito moral y se considera un goce de la vida. El médico François Rabelais escribió su Gargantúa y Pantagruel para los enfermos, ya que consideraba curativa la risa. Aparece en esta época también la novela picaresca debido al contraste de valores entre los distintos estratos sociales en España. Como respuesta irónica a este hecho se crean unas narraciones de carácter antiheróico, por ejemplo, el Lazarillo de Tormes.

En el Barroco es imprescindible mencionar la comedia de Lope de Vega y su figura del “donaire o gracioso”, que es un personaje cómico, plebeyo y pícaro además de comilón y cobarde. Destacan también en los relatos de humor Tirso de Molina y Calderón de la Barca. Francisco de Quevedo fue un personaje central en este tipo de literatura por sus juegos de ingenio y sus epigramas — poesía breve que expresa una idea satírica de forma ingeniosa—.

Más adelante destacarían Molière, aunque es difícil traducir los aspectos cómicos de su obra; Voltaire, que destacó por su malicioso uso del sarcasmo y Jonathan Swift, con sus Viajes de Gulliver y su humor negro. Su intención satírica queda muy circunscrita a la época en que escribió sus relatos de humor y en la actualidad es complicado percibir ese matiz irónico.

En el siglo XIX participaron en la literatura cómica Charles Dickens, Mark Twain y Óscar Wilde. Es imprescindible nombrar en esta época el Bilis Club, una tertulia literaria y crítica creada en 1871, en Madrid, por un gran número de autores españoles. En esta tertulia se fraguaban las agudas, burlonas y demoledoras críticas literarias que luego publicaría Leopoldo Alas bajo el seudónimo de «Clarín». El Bilis Club destacaba por su ingenio, más malicioso que de admiración, y sin reparar si el chiste causaba una víctima entre los propios miembros del club.

Ya el siglo XX es la época dorada del humor gráfico. Se comienza a desarrollar la viñeta cómica través de los periódicos. Empiezan también a crearse las revistas de historietas, entre las cuales destaca la Escuela Bruguera, en la que un conjunto de escritores se dedicaron al cómic de humor a partir de la posguerra española. Es imposible hablar de literatura cómica sin mencionar al también humorista gráfico argentino Joaquín Lavado, más conocido como Quino, creador de Mafalda.

La codorniz (1941), de Miguel Mihura, se consideró «la revista más audaz para el lector más inteligente». Alcanzaron gran popularidad en la viñeta cómica también Chumy-Chúmez y Mingote. Durante los años setenta, el humor gráfico de sátira política directa se extendió notablemente, destacando, entre otros, Forges y, un poco más adelante, los semanarios como El jueves.

Escribir relatos de humor conlleva gran dificultad, ya que busca ejercer en el lector un efecto fundamental, la risa, teniendo en cuenta que el sentido del humor varía enormemente de una persona a otra.


Por Arima Rodríguez

Relatos eróticos


Breve historia de los relatos eróticos:

Si existe un género que últimamente está en auge, ese es el erótico. Para que una narración se considere relato erótico es necesario que estén presentes en ella tanto el erotismo como el sexo.

En ocasiones es complicado establecer una línea divisoria clara entre la literatura erótica y la pornográfica. Se considera que cuando las escenas son explícitas deja de ser erotismo y pasa a ser pornografía, donde el mensaje es más directo, se relatan de manera expresa las posturas y actos y se mencionan de forma específica zonas del cuerpo. El erotismo, de mayor sutileza y sensualidad, usa metáforas sin la necesidad de ser excesivamente evidente.

Aunque es común encontrar pasajes eróticos dentro de muchas obras, no como tema principal sino como eventos aislados necesarios para desarrollar la narración o los personajes, no por ello deben considerarse obras eróticas.

Veremos a continuación, en un breve repaso por su historia, que los relatos eróticos se han visto sometido en multitud de ocasiones a la censura por motivos éticos o religiosos.

Las narraciones eróticas son tan antiguas casi como la escritura, pero fue la Antigua Grecia la que cultivó de manera oficial este género por primera vez. Lisístrata, escrita por Aristófanes en el año 400 a.C. es la primera obra completa que se podría calificar como erótica. Roma, China o La India, con su famosísimo Kamasutra, también atendieron en la antigüedad a este género literario.

En la Edad Media, cualquier relato erótico fue censurado por completo, mientras que, también en esa época, tenía un gran éxito en Oriente Medio Las mil y una noches, con la infidelidad como tema central.

En occidente este tipo de narración no volvió a ver la luz hasta el renacimiento, donde la vuelta al mundo griego hizo surgir obras icónicas de la literatura erótica, destacando el Decamerón, de Boccaccio (1353). En esta obra se narran las aventuras sexuales entre monjes y monjas en conventos. Obviamente sufrió una terrible censura.

Más adelante, Francia y la ilustración dieron abundantes obras de naturaleza fuertemente erótica llenas de sátiras contra el clero y la política. Además, el siglo XVIII fue el origen de numerosos fetiches y desviaciones sexuales. Destaca el Marqués de Sade, que da nombre al término sadismo.

En el siglo XIX se calmaron un poco las aguas y predominaron las novelas románticas que huían de lo obsceno, como Madame Bovary . Sin embargo, autores de este tipo de novelas, Flaubert y Baudelaire entre otros, sufrieron un proceso judicial por inmorales. A pesar de su censura, durante la época victoriana perduró la narrativa erótica, pero recurriendo a la firma anónima. La controvertida obra La venus de las pieles, de Leopold von Sacher-Masoch, sentó las bases del masoquismo, término que debe su nombre al autor.

En el siglo pasado, la apertura social en cuanto a los tabúes sexuales influyó positivamente en los relatos eróticos, aunque también la censura estuvo presente. Entre los autores más destacados del género se encuentran Henry Miller (Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio), Vladimir Nabokov (Lolita) y Pauline Réage (Historia de O). Algunos de ellos tuvieron que hacer frente a crítica social e incluso a la prohibición de sus obras en algunos países. Estos autores abrieron paso a los que en adelante se interesaron en la literatura erótica.

En la actualidad, esta narrativa está viviendo un apogeo como nunca había tenido en su historia. Han copado incluso las listas de los libros más vendidos, deshaciendo el estigma que arrastraban los relatos eróticos por considerarse un género menor, sin apenas cabida en los suplementos literarios o en las secciones de cultura. Muchas escritoras han saltado a la fama a veces con ficciones de estilo autobiográfico, como Valérie Tasso y su Diario de una ninfómana.

Es imprescindible destacar la trilogía Cincuenta sombras, de E. L. James, que obtuvo a partir de 2011 un éxito sin precedentes para el género de la literatura erótica.

La era digital ha influido en todos los aspectos de la cultura, y no iba a ser menos con los relatos eróticos, ya que el libro digital se ha convertido en un gran aliado debido a la discreción que otorga, permitiendo esquivar el pudor que aún causan los contenidos sexuales.


Por Arima Rodríguez

 

Microrrelatos


Breve historia de los microrrelatos:

Para hablar del género de microrrelatos de una manera estricta, es importante definir en primer lugar qué no es, ya que existen multitud de tipos de textos breves. Para que exista un minicuento (como se le llama también), tiene que haber una historia, por lo que es necesario dejar fuera de este grupo otras composiciones literarias de poca extensión: adivinanzas, proverbios, micropoemas o refranes.

Un microcuento o relato breve, (nombres que se le da en ocasiones), es un texto escueto, en prosa, que narra una historia usando un lenguaje conciso y un contenido intenso. Se suelen omitir frases o palabras que tal vez deberían estar presentes si se tratara de otro género, pero sin las cuales se comprende el contenido sin problemas. Su característica primordial, por tanto, es la brevedad, la economía del lenguaje y la elipsis.

Este género debe escribirse con cuidado ya que las carencias que exige su limitación no deben dañar el resultado final. Se hace en ellos patente la frase de “menos es más”.

No hay unanimidad en cuanto a la extensión de palabras o líneas a partir de las cuales los textos dejan de ser microrrelatos y pasan a ser relatos cortos. Sin embargo, aproximadamente un folio podría ser la extensión límite. Las bases de muchos concursos de este género no aceptan textos superiores a las 30 líneas.

Hay obras muy famosas: El adivino, de Borges o Después de la guerra, de Jodorowsky que no llegan a las cinco líneas. Algunos ocupan la mitad de una página: El niño al que se le murió el amigo, de Ana María Matute, y otros alcanzan el folio completo, como Los bomberos, de Mario Benedetti.

Contar la historia de este género literario no es sencilla, ya que como fenómeno en la escritura es uno de los más recientes aunque, por otra parte, es obvio que textos de corta extensión aparecen a lo largo de toda la historia de la humanidad: se conocen parábolas, epitafios o adivinanzas desde épocas sumerias y egipcias.

La mayoría de los expertos ubican las raíces del cuento breve en el modernismo hispanoamericano y en las vanguardias, ya que estas supusieron una gran renovación en cuanto a las formas de expresión y aumentó de forma notable la aparición de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas.

A principios del si­glo XX, uno de los primeros escritores que utiliza el texto breve es Rubén Darío. A partir de ese momento, el desarrollo del microrrelato comienza a tener relevancia en el mundo hispanoamericano. Se suele aludir a Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges o Julio Cortázar como referentes de estos textos concisos e intensos.

Hasta finales del si­glo pasado, el relato breve parecía propio solamente de hispanoamérica y estaba reconocida casi de manera exclusiva la obra de los autores latinoamericanos. Sin embargo, en España lo habían practicado Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna a principios de siglo. Ya hacia finales se incrementó bastante el número de autores españoles que se habían unido al desarrollo de los microrrelatos.

El profesor argentino David Lagmanovich y los españoles Irene Andrés-Suárez y Fernando Valls han examinado el microcuento y su evolución a través de los años. Han publicado obras que se acercan al fenómeno para marcar condiciones (sin llegar al dogmatismo) y realizar una recopilación de autores. Como ya se ha señalado anteriormente, la mayor incidencia se da en los países hispanohablantes, sin embargo, Lagmanovich señala a Kafka, Boudelaire o Hemingway como precursores del microrrelato del siglo XX.

Es importante preguntarse el motivo por el que este género se ha desarrollado tan tarde. La sociedad actual, influida sobre todo por los medios audiovisuales, requiere que el producto se pueda consumir rápidamente. No obstante, aunque los microrrelatos pueden leerse con rapidez, entender sus mensajes no es tan fácil ya que, la mayoría de las veces, son de gran profundidad.

La velocidad y la interactividad que caracterizan a la redes sociales junto con sus exigencias formales, (por ejemplo, el límite de los 140 caracteres por tuit) constituyen un marco idóneo para este género. La omnipresencia de internet hace que, sin lugar a dudas, nuestro querido microrrelato esté en pleno auge.


Por Arima Rodríguez